La Casa de la Moneda no es solo un extraordinario edificio de arquitectura industrial que milagrosamente ha llegado hasta nuestros días. Es también un enclave paisajístico privilegiado. Entre el edificio principal y el río Eresma se extiende el llamado Jardín del Rey, un espacio verde recuperado tras la restauración y que hoy abre al público en las temporadas favorables.
Origen y nombre
El nombre no es contemporáneo: el jardín aparece ya en la documentación del siglo XVIII como huerta y espacio de servicio de la fábrica. Cuando Felipe II mandó construir el ingenio, se reservaron unos terrenos anexos que servían como huerta para el personal, como zona de reserva de material y como amortiguador entre las máquinas y el cauce del río. Con el paso de los siglos, ese espacio se fue convirtiendo en un paseo semi-formal, con árboles frutales, plantas aromáticas y algunas piezas ornamentales sencillas.
El proyecto de recuperación
Durante décadas, el jardín estuvo cerrado y en estado de semiabandono. El proyecto de restauración general del complejo, culminado en 2011, incluyó también la puesta en valor del espacio exterior. Se recuperó la traza original de los caminos, se retiraron las especies invasoras que se habían apoderado del suelo y se plantaron especies acordes con la vegetación tradicional de las huertas segovianas: manzanos, perales, castaños, algún nogal y, en las orillas del canal, una alineación de sauces llorones.
Visitas y jornadas de puertas abiertas
El jardín se abre al público habitualmente entre la primavera y el otoño, en horario compatible con el del museo. En determinadas fechas señaladas — por ejemplo el Día de los Jardines o eventos organizados por la Concejalía de Cultura — se organizan jornadas de puertas abiertas específicas para el jardín, con visitas guiadas botánicas y explicaciones sobre la restauración paisajística.
Qué ver
Además de la vegetación, el jardín permite contemplar de cerca la fachada trasera del edificio, con sus cárcavos hidráulicos, sus contrafuertes y las ventanas de la fábrica baja. Es una perspectiva poco habitual del monumento y probablemente la que mejor deja ver la escala industrial del complejo. Desde el fondo del jardín, junto al río, se obtiene además una de las mejores vistas del valle del Eresma con el Alcázar y la catedral al fondo.
Si viajas en familia y el tiempo lo permite, reserva 20-30 minutos para pasear por el jardín después de la visita a las salas. Es un espacio tranquilo, con bancos y sombra, ideal para descansar antes de subir de nuevo al casco histórico. Consulta si el jardín está abierto el día de tu visita en la web oficial.