Historia del edificio

Trazado herreriano, fábrica alta y baja, ampliaciones sucesivas y estado del edificio antes de su restauración.

La Real Casa de Moneda se encuentra ubicada en un espacio de incomparable belleza, extramuros de la ciudad fortificada, en el valle del Eresma. El emplazamiento no fue casual: la fábrica necesitaba agua abundante y estable, y el fondo del valle ofrecía las condiciones ideales. Su arquitectura, sobria y funcional, es hoy un testimonio único de cómo el Renacimiento español entendía la industria como una empresa a la vez técnica, política y estética.

Trazado herreriano

El proyecto se atribuye al entorno de Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial y responsable de la estética arquitectónica de la Corte de Felipe II. Aunque no consta un plano firmado por Herrera, todos los elementos — la sobriedad del volumen, el uso de sillería y mampostería en bandas horizontales, la ausencia de ornamento decorativo, la disposición axial de los patios — remiten al lenguaje herreriano. El resultado es un edificio industrial que dialoga con la tradición monástica y palaciega del momento.

Fábrica alta y fábrica baja

El complejo se organiza en dos zonas diferenciadas. La fábrica alta, más cercana al camino que sube a la ciudad, alberga oficinas, viviendas de oficiales, archivos y talleres de acabado. La fábrica baja, situada aguas abajo, es donde se instalan las máquinas hidráulicas: los ingenios de laminar, las cortadoras, las salas de fundición y los espacios más ligados al agua. Entre ambas zonas se despliegan patios, escaleras y galerías que permitían el paso ordenado de personal y materiales.

Ampliaciones y reformas

A lo largo del siglo XVIII se acometieron varias reformas para modernizar el ingenio con nueva maquinaria de acuñación a volante. En el siglo XIX, cuando la producción declinó, algunos espacios se compartimentaron para adaptarse a otros usos. En el XX, el edificio sufrió intervenciones desafortunadas que rompieron la lectura original — muros de ladrillo, tabiques, forjados improvisados — y perdió parte de sus revestimientos y cubiertas originales.

Estado antes de la restauración

Cuando el Ayuntamiento de Segovia asumió su recuperación, el edificio se encontraba en un estado de deterioro alarmante. Faltaban tramos de cubierta, había filtraciones generalizadas, los cárcavos hidráulicos estaban parcialmente colmatados y algunas dependencias amenazaban ruina. Aun así, la estructura principal seguía siendo la del siglo XVI, y ese fue el punto de partida del proyecto de restauración.

Reconocimientos

El conjunto está catalogado como Bien de Interés Cultural y forma parte de la lista de arquitectura industrial destacada de la Fundación Docomomo Ibérico. Se le reconoce como uno de los pocos ejemplos íntegros de arquitectura industrial de la temprana Edad Moderna europea.

Más información

La ficha oficial del edificio, con su cronología detallada, está disponible en la web del Turismo de Segovia.